Pepe Gutiérrez-Álvarez - kaosenlared.net
Ayer apareció esta noticia en los diarios en letra pequeña, como tantas veces se hacía sobre tal o cual masacre en el mundo mayoritario (o sea “Tercer Mundo”), y a tal punto recuerdo que había que coger una lupa en casos de Guatemala o El Salvador. Llega con otra de letra menuda: el flamante “premier” conservador ha pedido una entrevista con Obama para rogarle que atenúe sus ataques contra la BP responsable de lo que algunos llaman con justicia ”el Chernobyl” del petróleo. La infamia suele ser más cruel y refinada a veces cuando se vista de democracia respetable, y los conservadores británicos –como la BP- son gente respetables hagan lo hagan. Al igual que James Bond, ellos (sus soldados, ellos se quedan en los despachos) tienen licencia para matar…en nombre de la democracia.
El diario “The Guardian” ha desvelado el texto elaborado por el juez instructor, Lord Saville de Newdigate, y que se dará a conocer en breve espacio de tiempo. Estas investigaciones fueron iniciadas en 2004, y comenzada porque la presión de los familiares de las víctimas se hizo insoportable para Tony Blair, que no es conservador británico pero como si lo fuera (o peor). Saville, tras escuchar los testimonios de 919 testigos, entre civiles, policías, soldados, políticos y ex miembros del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA), el antiguo brazo paramilitar del Sinn Fein, ofrecen una confirmación de lo que todo el mundo ya sabía…
…que el 30 de enero de 1972, murieron catorce pacíficos manifestantes por los disparos de una unidad de paracaidistas británicos. Las víctimas tomaban parte de una marcha nacionalista en favor de los derechos civiles en Londonderry, lo hacían pacíficamente.
Como era de esperar, un portavoz del mismo Estado que ocupaba militarmente Irlanda, que mandó a disparar contra los manifestantes, y que se negó durante más de tres décadas a cualquier investigación, ha declarado que lamenta que las “especulaciones” de 'The Guardian' (normalmente mucho más fiable que el gobierno) sólo sirven para causar "estrés" a las familias de las víctimas. En realidad, dichos familiares saben al menos lo que la película Bloody Sunday (Irlanda, 2002), de Paul Greengrass y protagonizada por James Nesbitt, Allan Gildea, Gerard Crossan, Mary Moulds, ya cuenta, a saber, que los unos “paracas” descerebrado y sin escrúpulos como les exige el oficio, dispararon a mansalva contra la gente, y que sus mandos asumieron las mentiras de una “autodefensa” sin titubear. Viendo una película así, cabe lamentar que otras situaciones como estas no encuentren una expresión cinematográfica tan valiosa como esta, una película-testimonio que además es buen cine, y que te permite cotejar detalladamente lo ocurrido. En los plan0s finales se puede ver a la actriz que encarna a nuestra amiga Bernadette Devlin clamar airadamente: “Y no pararemos hasta saber quiénes son los culpables”
La información del rotativo británico no especifica qué muertes serán clasificadas como "premeditadas", detalles sobre los ya ofreció una primera versión la investigación oficial, desarrollada por Lord Widgery en 1972, la misma que reveló que cuatro de las víctimas no representaban un riesgo para los soldados, y que fueron tiroteadas por la espalda cuando trataban de escapar, escenas que la película evoca con una precisión extraordinaria.
Entre los personajes que declarado figuran Edward Heath, primer ministro británico en 1972, así como altos cargos del Ejército británico y del IRA, entre éstos el ex comandante Martin McGuinness, actual viceprimer ministro del Gobierno autónomo norirlandés, algo que, justo es reconocerlo, resulta bastante inimaginable en estos pagos, y ahí está el caso de Aznar y la guerra de Irak, por no hablar de la “gran mentira” montada por el PP en el gobierno para enmascarar la autoría del atentado del 11-M., aunque cabe al menos el consuelo de que tuvimos una película que habló claro sobre la tragedia, concretamente Madrid, 11-MK: todos íbamos en ese tren…
Con la pequeña nota del diario en las manos, servidor llevó a cabo una operación que tenía a la mano: volver a ver la película de Paul Greengrass con una atención redoblada. Da un rostro, unos movimientos, tanto a las víctimas como a los verdugos. Ofrece una recomposición lo más verosímil posible a lo ocurrido aquel domingo, el ambiente de movilización, la conciencia de que el pueblo tenía que ser el protagonista, la voluntad de romper con el montaje colonial británico de anteponer católicos y unionistas en pro de unas libertades que la propia democracia ciudadana acabaría convirtiendo en unas exigencias sociales más amplias. Me acordé del sueño de muchos irlandeses como el gran James Connolly...
Dejo momentáneamente la película para mirar unas notas sobre éste, y leo en unos papeles viejos: James Connolly, (1868-1916). El más alto exponente del socialismo irlandés, nació en Edimburgo dentro de una familia muy pobre y conocerá desde su más tierna infancia una vida muy agitada. Entra en contacto con los marxistas, y se convierte pronto en un militante destacado. En él coinciden el combatiente revolucionario y el hombre preocupado por la teoría. Se impone como líder del movimiento socialista irlandés entre 1896 y 1903; este mismo año emigra a los EEUU donde trabaja intensamente en el sindicato revolucionario norteamericano IWW, sufriendo una profunda influencia del sindicalismo revolucionario. De nuevo en Irlanda volverá a ocupar el puesto de dirigente máximo del marxismo militante. El caso de Connolly es bastante peculiar dentro de la historia del socialismo; en él se unen, con gran coherencia además, el nacionalismo irlandés, la fe en Cristo, los métodos sindicalistas revolucionarios y la adopción sincera y convincente del marxismo más avanzado, más irreconciliable con que le atrajo las simpatías de Lenin que lo citó más de una vez como un ejemplo.
Para James Connolly existía un nexo entre todos ellos. Esta persuadido --como Marx-- que la lucha patriótica no puede disociarse de la lucha socialista. Al organizar y dirigir el Socialist Party of Ireland, lo articula sobre la base del independentismo, de la lucha sindical obrera uniendo a católicos y protestantes contra los ingleses y la patronal, y arguye que los verdaderos sentimientos cristianos no pueden contradecir la necesidad de esta doble emancipación. Aunque no está en desacuerdo con la táctica parlamentaria, no rechaza tampoco la idea de la insurrección armada. Alrededor de los años 1913-1914 en un momento en que Irlanda se desliza hacia la guerra civil, organiza la milicia obrera, su objetivo es Irlanda para los irlandeses, la propiedad colectiva de las riquezas nacionales, la "desaparición de las diferencias debidas al nacimiento, a los privilegios y a las creencias religiosas". "la unidad absoluta de la nación 1rlandesa" y el derecho a la democracia y a la libertad. En 1914 se pronuncia contra el carácter imperialista del conflicto. Será uno de los jefes de la impresionante revuelta irlandesa de Pascua de 1916. Detenido, será juzgad0 y fusilado por un tribunal militar inglés. El socialismo irlandés nunca se recuperaría de esta perdida…
Sin embargo, una nueva vía se había abierto en un contexto internacional de luchas alimentada por unas nuevas generaciones, e imprevisiblemente el conflicto irlandés que se arrastra desde la ocupación británica, o sea desde hace más de 700 años comenzó un nuevo curso con la ayuda métodos de lucha aprendidos del movimiento por los Derechos Civiles de los negros norteamericanos…En esta ola unitaria y desde abajo, Bernardette Devlin llegó al sacrosanto parlamento británico para clamar por la verdad y la justicia…Eso era demasiado, era algo que no podían encauzar y contener como lo habían hecho en otras ocasiones, amenazaba en crear puentes entre católicos y protestantes. Se trataba de cortar por lo sano, había que desplazar la línea de demarcación hacia donde ellos podían seguir dominando, o sea hacia una suerte de guerra civil, y el IRA, que ya sentía los movimientos como una amenaza para su propia guerra, entraron de pleno en el juego. Justo lo que querían los ocupantes:
No hay que decirlo, la película lo deja claro: la ira justificada por la represión llevó a muchos jóvenes a integrarse en el IRA provisional. El IRA por lo tanto ocupó el protagonismo de las movilizaciones de masas, y la lucha se desplazó a un terreno que era –y en esto hay que insistir mucho, además es algo que ha ocurrido muchísimas veces- el que preferían los mandos políticos y militares británicos.
Estos lleva nuevamente al maldito asunto de la táctica del terrorismo, a la descabellada consideración de que “todas las formas de lucha valen”, olvidando que los ideales de libertad e igualdad requieren la participación activa de los de abajo, porque esta es la forma que existe para que aprendan a controlar su propia historia, y para tender puentes con “los enemigos”, o sea con los irlandeses protestantes que tienen sus propias razones o con la clase obrera británica, parte de la cual, aunque fuese en principio minoritaria, ya estaba ganada para la causa. No olvidemos que en aquella época, algunas de las mayores movilizaciones contra la guerra del Vietnam tenían lugar en Gran Bretaña. El cine también ha dejado testimonio de las consecuencias devastadora de esta deriva desde el protagonismo de las masas a una “lucha armada” en la que los protagonistas acaban olvidando sus razones iniciales para desplazarse a una guerra particular contra los ocupantes más armados y más legitimados ya que pudieron vestirse con el traje que querían…De protectores de los protestantes, de fuerzas de “pacificación”, etc.
Resulta estúpido entrar en el juego de que los militares británicos eran más brutales, más asesinos, pues claro. La cuestión es que lo eran también porque dentro la lógica militarista ellos tenían todas las ganar. La cuestión auténtica era que el ejército británico disparó contra el movimiento de los derechos civiles para que el IRA ocupara su lugar, y estos últimos lo hicieron con los resultados de todos conocidos.Un desastre.

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